jueves, 6 de julio de 2017

No me gustan las piedras






No me gustan las piedras. Ni sienten, ni padecen. Algunas se creen muy duras y, sin embargo, si las miras detenidamente y profundizas en ellas se deshacen rápidamente. Generalmente no tienen iniciativa, se dejan llevar y, siempre, para hacer daño. Te golpean sin ninguna explicación y si se la pides, te miran hieráticas, como piedras. No producen, no tienen conversación, son sedentarias y no tienen ningún afán de aventura. Eso sí, si otros influyen en ellas pueden cambiar de sitio, pero nunca por propia iniciativa.
¡Es verdad tienen algunas cualidades! Algunas tienen historia; otras luchan contra los elementos, generosamente, sin pedir nada, como una piedra, sin saber el porqué. También es cierto que hay piedras famosas: la piedra que sostiene la iglesia católica; la piedra filosofal, la piedra que mató a Goliath, la piedra en el zapato, la piedra que te enseña que tu destino es rodar y rodar ... Pero son tan secas, tan sosas, tan quietas y, a veces, tan inoportunas.

Definitivamente no me gustan las piedras, ni las personas que son como piedras. Tampoco que me de tanto el sol en la cabeza.

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