jueves, 13 de octubre de 2016

Vacío

El vacío no existe, pero yo lo he sentido. Después de una vuelta curiosa los recuerdos no casan con la realidad vivida. Llega la evidencia de la recreación y te invade el vacío. El primer recuerdo de mi infancia está unido al olor a mar, a la luz cegadora, al viento y al polvo. Con una pelota y en una calle sin salida, corríamos entre aceras con los calcetines caídos y esos zapatos gorilas irrompibles. Esa es la nebulosa que se mezcla con los nombres que ya no sé si son reales o imaginados. Reencuentro con los lugares y las cosas que ya son diferentes, reencuentro con las caras de las que recuerdo sus risas y las aventuras en bicicleta y los interminables juegos de la plazoleta. Ahora comprendo que fui arrancado sin explicación alguna y cuando intento rememorar me invade un dolor de cicatriz antigua, mal cerrada. Caigo y solo me sostiene la luz clara, el Levante en la cara y las voces, infantiles, de mis amigos. El tiempo es agua y yo, aún lo sigo viviendo como una perdida.