miércoles, 24 de junio de 2015

Correr, correr, correr.






A menudo, cuando he ido a Madrid, me he sorprendido corriendo de una parada de metro a otra sin ningún sentido, sin tener prisa. Cuando caía en ello y me preguntaba "¿A dónde vas?", me daba cuenta que me dejaba arrastrar por la innumerable cantidad de personas que por sus trabajos o por cualquier otro motivo corren para alcanzar el próximo metro que los lleve a sus destinos.

Es extraño que la inercia nos lleve a tantos sitios impensados. Ahora, que me ha dado por pensar en el tiempo (sobre todo en mi tiempo), me doy cuenta cuantas veces he corrido sin saber muy bien a donde ni con que motivo. Es evidente que he perdido mucho tiempo, también es evidente que nunca he tenido muy claro cual era el objetivo a seguir. He improvisado mucho y, no me voy a quejar, no me ha ido tan mal. Pero sí es cierto que cada vez tengo más claro a que quiero dedicar mi tiempo y dejar de correr, correr, correr... para empezar a andar, parándome a contemplar y disfrutar, así,  de mi tiempo.

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