viernes, 21 de marzo de 2014

Rarezas


Todos solemos tener rarezas. Algunas son inconfesables, otras graciosas, otras, realmente, angustiosas. Muchas veces estas pequeñas manías nos caracterizan o, simplemente, pasan inadvertidas y forman parte de nuestros pequeños secretos cotidianos. Yo tengo varias, una de ellas, la descubrí hace poco y, el caso es, que la he tenido desde siempre. A mi me han encantado siempre las papelerias (aún recuerdo la Papelería Valero dónde compré "Las Veinte mil 'lenguas' de viaje submarino"), me gustaba su olor, los lapices ordenados por clases y colores, los bolígrafos, las gomas y sus olores, las cajas de grapas, los clips, las cajas, los libros de contabilidad... y, sobre todo, los cuadernos de dibujo y las libretas grandes y pequeñas, de tapas duras, de tapas blandas, con grapas, con anillas, con papel grueso, con papel blando, viejas y olvidadas con su papel amarillento y sus tapas azules con dos rayas para poner tu nombre.
El caso es que soy bastante aficionado a comprar libretas. Tengo bastantes y lo raro, lo extraño, es que tengo muy pocas (por no decir casi ninguna) completas. Siempre me ha costado terminarlas, me he resistido. Con algunas de ellas no he llegado a sobrepasar la tercera o cuarta página. Las empiezo, con gran resistencia de mi parte (pero con un profundo placer cuando abro la libreta, veo las páginas en blanco y escribo las primeras letras), y cuando llevo tres o cuatro hojas escritas las repaso y siento una mezcla extraña entre la rabia y la pena que me obliga a dejarla en un cajón. Esa es unas de mis rarezas. Nunca había reparado en ella, hasta que el otro día fui a guardar una nueva libreta y encontré que el cajón estaba lleno de ellas, todas sin terminar. Ahora no sé si preocuparme o seguir cultivando está rareza que me proporciona ese intenso placer que no hace daño a nadie. Lo único cierto es que ya no es un secreto, porque lo sabes tu.

viernes, 7 de marzo de 2014

Quebrarse

Solemos considerar ciertos aspectos de la vida como normales. Forman parte de nosotros, de nuestro día a día, vivimos con ellos y somos incapaces de concebir que pueda haber otras personas que no tengan esos mínimos. Y que conste que no habló de bienes de consumo, ni siquiera de la cantidad de facilidades que esta sociedad del bienestar nos proporciona. No, no hablo de eso. Hablo de aspectos más básicos, más elementales, más sencillos y que encontramos con cierta naturalidad en nuestro entorno cotidiano. Por ejemplo en nuestras familias, en nuestro entorno social o a nuestro alrededor. Es normal que todos pensemos que todo el mundo tiene unos padres, unos amigos, gente que vela y se preocupa por nosotros, que todas las mañanas nos da una cosa tan sencilla como un beso, o tiene una palabra cariñosa para nosotros, o que cuando llegamos a casa, si es que tenemos casa, nos espera y nos pregunta y nos acaricia. No todos tenemos eso. Lo veo muchos días, en muchas personas, muy cerca, en la calle y, generalmente, lo tomo como normal. Es 'la normalidad' de todos los días.
Pero hoy alguien muy pequeño me pidió un beso antes de entrar al 'cole', algo tan insignificante y natural como eso.Y yo me quebré, sí, me quebré al pensar lo tremendamente terrible que es esta 'anormalidad' tan cotidiana, tan asumida, tan dolorosa. Pensé en que alguien vivirá con dolor, un dolor tan escondido y profundo que yo mismo olvidaré después de escribir esto ¿Por qué?