viernes, 27 de septiembre de 2013

Estado de desconfianza.

Vivimos en un estado de lamentable desconfianza. Es así, mal que nos pese. Y no hablo de los gobiernos, ni de los poderes, ni de ningún ente abstracto e impersonal. Hablo de vosotros y de mi. Desconfiamos, desconfiamos del tendero al que le compramos la comida, desconfiamos del banquero al que le dejamos guardar nuestro dinero, desconfiamos del gasoil que ponemos en el coche, desconfiamos de los mensajes de ayuda, desconfiamos de los que me llaman para vendernos algo, desconfiamos del que toca a nuestra puerta, desconfiamos de los vecinos, desconfiamos de la mirada de la gente, desconfiamos del que tiene un rato para ayudarnos, desconfiamos de los educadores de nuestros hijos, desconfiamos de la vida. Vivimos en un estado de paranoia y de persecución, que no nos deja fiarnos de nadie. Tenemos miedo de que nos roben, de que nos agredan, de que nos engañen, de que nos hagan infelices a nosotros y a nuestras personas queridas. Somos reivindicativos pero siempre mirando a los lados. Vivimos en un estado de desconfianza, hipócrita y lleno de intereses engañosos. Lastima.