martes 6 de septiembre de 2011

Vacaciones y El aprendiz de Brujo (3)

Mira por donde la crisis me ha proporcionado un mes de vacaciones. Por lo tanto no puedo decir que me lo he ganado, pues me ha caído y no del cielo. Desde el tres de agosto llevo de vacaciones y no parece que la cosa vaya a cambiar. Pero, tranquilos todos/as aquellos/as que se preocupan por mí, me lo he tomado bien: he vaciado mi cabeza, me he bañado en la playa (todos/as los días), he jugado con mis hijas y me he puesto en forma (si el dolor de rodillas, caderas, las agujetas, el bajar las escaleras como un abuelo y otras dolencias varias, pueden agruparse entre los síntomas de ponerse en forma). Pero hoy he decidido que mis vacaciones debían de terminar; mi cabeza, mi cuerpo y, sobre todo, mi bolsillo han comenzado a mandarme señales inequívocas de que debía comenzar a trabajar, y, aquí estoy, trabajando, escribiendo en éste, mi blog.  Ya sé que no es un trabajo remunerado, pero, ya sabemos los pobres, que el dinero no da la felicidad. En fin comienza el trabajo/a.
Por otro lado ya tengo el argumento del próximo espectáculo. Como os he venido contando en otros apuntes andaba dándole vueltas y, con la ayuda de las olas, he conseguido terminarlo (o casi, que conmigo nunca se sabe). Aquí lo tenéis:

  • " Había una vez un rey glotón que nunca se saciaba, siempre quería probar cosas nuevas y deliciosas. Tan grande era su gula, que un día decidió ceder su hija y su trono a aquel que le sorprendiera con un la comida más sabrosa jamás probada. Su hija no estaba nada de acuerdo. Ella no iba a casarse con quien quisiera su padre. La princesa era curiosa, trabajadora y bastante experimentadora. En el reino tenía fama de bruja, pero ella, en realidad, era una experta alquimista. Un día comenzaron a llegar pretendientes con los mejores platos de sus cocinas, pero la princesa se encargaba de que ninguno agradará al rey. Así que nunca llegaba el príncipe deseado. Pero un día, de pronto, Ferrán, un pinche de de las cocinas de su padre, enamorado de la princesa, decidió presentarse. Aquel pinche agradó a la princesa, pero incomodó a su padre. Él no podía permitir que un simple pinche llevará su reino y además quisiera casarse con su hija. Así que decidió ponérselo difícil..."
Y hasta aquí cuento hoy que ya he trabajado bastante.