jueves, 23 de junio de 2016

El eterno distraído

El eterno distraído atraviesa el portal y olvida la nota de la compra. El mundo penetra en su cabeza y construye universos paralelos. El eterno distraído divaga con tu cuerpo mientras le llenas los oídos de palabras. El eterno distraído no ve las nubes y el cielo; ve el azul, el blanco y la luz que cambia junto al viento. El eterno distraído escucha tu voz y te imagina y te acaricia con sus ojos; le hablas y él piensa, recostándose sobre el hogar de tu piel, en tu cuerpo cálido. El eterno distraído no escucha recrea; no recuerda, rememora; no se pierde, explora. El eterno distraído camina conversando consigo mismo, extrayendo miles de conclusiones erroneas que se diluyen entre el movimiento de sus manos. El eterno distraído no te ve, se soprende. El eterno distraído no acaba, termina.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Pequeños espejismos




A veces me parece que el mundo es un gran desierto. Un enorme desierto de arena fina lleno de huellas en todas las direcciones.A veces me parece que andamos sobre ese desierto sin dirección alguna. Algunos dejan huellas rectas e infinitas, otros trazan enormes círculos, los hay que andan zigzagueando continuamente y están los que construyen enormes espirales. A menudo veo sus huellas. Sé lo que fue de ellos y percibo su camino, pero nunca siento a nadie. Mi desierto está vacío y tiene un horizonte lejano que no esta al alcance de mis manos. Cuando, cansado, me siento y reflexiono, observo los pequeños espejismos que me rodean y decido, con calma, cual será el próximo que se desvanecerá entre mis manos.

miércoles, 24 de junio de 2015

Correr, correr, correr.






A menudo, cuando he ido a Madrid, me he sorprendido corriendo de una parada de metro a otra sin ningún sentido, sin tener prisa. Cuando caía en ello y me preguntaba "¿A dónde vas?", me daba cuenta que me dejaba arrastrar por la innumerable cantidad de personas que por sus trabajos o por cualquier otro motivo corren para alcanzar el próximo metro que los lleve a sus destinos.

Es extraño que la inercia nos lleve a tantos sitios impensados. Ahora, que me ha dado por pensar en el tiempo (sobre todo en mi tiempo), me doy cuenta cuantas veces he corrido sin saber muy bien a donde ni con que motivo. Es evidente que he perdido mucho tiempo, también es evidente que nunca he tenido muy claro cual era el objetivo a seguir. He improvisado mucho y, no me voy a quejar, no me ha ido tan mal. Pero sí es cierto que cada vez tengo más claro a que quiero dedicar mi tiempo y dejar de correr, correr, correr... para empezar a andar, parándome a contemplar y disfrutar, así,  de mi tiempo.

martes, 2 de junio de 2015

Hartazgo

Estoy harto de la corrupción. Estoy harto de los desahucios. Estoy harto de la codicia. Estoy harto de la falta de respeto por lo público. Estoy harto del "y tú más". Estoy harto de la falta de empatía. Estoy harto de la falta de dialogo sincero. Estoy harto del 'tacticismo'. Estoy harto de la falta de esperanza. Estoy harto de la precariedad y la falta de valoración del trabajo. Estoy harto de que la codicia y la soberbia se consideren una virtud social. Estoy harto de que piensen que somos tontos. Estoy harto de la infravaloración de la cultura cuando ha sido y será lo que esencialmente nos ha dado un poco de credibilidad y prestigio. Estoy harto del cortoplacismo. Estoy harto de que no seamos capaces de crear un modelo de sociedad común. Estoy harto del egoísmo. Estoy harto de la falta de generosidad. Estoy harto de la esclavitud hipotecaria. Estoy harto del abuso de las grandes compañías y de la falta de protección del estado.  Hoy siento hartazgo y hastío; lo siento, a veces, pierdo la paciencia

miércoles, 27 de mayo de 2015

publicidad 1

Hace ya algunos días vi en televisión la campaña para la prevención de la violencia de riesgo en la adolescencia. Me pareció oportuna, importante e incluso adecuada, pero no completa.
El anuncio está centrado en enseñar a las adolescentes a detectar cuando son víctimas de está agresión y, también, a propiciar que su entorno social (sus amigas) las ayuden a denunciar y dejar cualquier relación que pueda llevarlas a ser acosadas y agredidas. Hasta aquí todo correcto, pero me parece que hay un aspecto muy importante que se olvida: el comportamiento del agresor ¿no sería más correcto señalar  lo incorrecto en la conducta del adolescente? ¿no seria más correcto propiciar la reprobación por parte de sus compañeros y compañeras de ese acoso? ¿no sería mejor intentar reconducir al agresor? Quizás así conseguiríamos cambiar su comportamiento y quitar un posible asesinato, una injustificada agresión.
Desde mi punto de vista, no sólo es importante que las adolescentes detecten si están siendo agredidas, también sería importante reconducir y mostrar lo equivocado del comportamiento en la persona que agrede y, ahí, es donde falla la campaña.

domingo, 10 de mayo de 2015

Salto al vacío







Durante muchos años he pensado que, en general, la gente votaba atendiendo más a  pasiones futbolísticas que a otro tipo de intereses más racionales . Es decir uno era de un partido por pura pasión y no se podía ser de otra cosa, aunque hubiera razones suficientes para ello.

Ahora pienso diferente (uno es así de voluble). Creo, firmemente, que mucha gente no vota otra cosa por miedo. Pero no por un miedo 'guerracivilista', sino por un miedo a la nada. Los votantes no votan a otros partidos porque sería como arrojarse al precipicio, es decir, sería como saltar al vacío. Es lo único que justifica que ante tanta indignidad, falta de valores, chapuzas, actitudes caciquiles y robos, los ciudadanos sigamos votando a ciertas personas. Es imposible que nadie quiera ser cómplice de todo esto.

A no ser que seamos una sociedad con actitudes infantiles, llenos de rabia y de miedos que no quiere verse en la tesitura de tener que tomar responsabilidades y decisiones cívicas. Nos hemos acostumbrado tanto a ser una sociedad infantil y a que otros tomen las decisiones por nosotros que nos inunda el pánico si algo se rompe y tenemos que posicionarnos, nos hemos acostumbrado tanto a que nos tutelen que preferimos seguir siendo niños y dejando que los 'padres de la patria' nos sigan diciendo lo que es bueno para nosotros. No queremos tomar iniciativas, no queremos que nadie rompa nuestra calma; incluso si esto nos lleva a justificar la maldad, la falta de honradez, el robo, la chapuza, la idiotez, la falta de solidaridad, ... Siempre preferimos que nos dejen tranquilos.

Pero, a veces, uno tiene que saltar al vacío para que cambien las cosas, sin miedo. Uno tiene que poder mirar a sus hijos y decirle que las cosas se consiguen saltando y no diciendo "en el fondo todos son iguales ¿para qué te vas a complicar?". Lo siento, en la vida hay que implicarse y andar todos los días al borde del precipicio superando el miedo a las complicaciones.

viernes, 27 de marzo de 2015

Nada que decir







A veces uno no tiene nada que decir y algo que era un placer comienza a convertirse en una tiranía insufrible.


Yo tengo tres blogs y durante un tiempo llenarlos era una actividad que me satisfacía plenamente. Comencé con EL PATRAÑUELO, un blog nacido de un ejercicio de un curso de e-learning, que fue una auténtica bomba creativa en mi cabeza, ante mí se habría un infinito número de posiblidades donde mostrar mis juegos, mis historias y mis 'rollos', con la idea de que habría gente que los leería y a la que quizá le interesase 'tamaña' relación de despropósitos.  Después, como un sólo blog se quedaba corto, decidí hacer otro, LA MÁQUINA MARAVILLOSA, aquí volcaría toda la curiosidad que sentía sobre los títeres orientales. Como no había practicamente nada en castellano sobre ellos ( y creo que sigue sin haberlo) buscaría, publicaría y compartiría toda aquella información que encontrase en papel y virtualmente. Así lo hice, sin que mi ignorancia idiomática supusiera un obstáculo (cuando la inconsciencia es una inconsciencia real, no hay vergüenza). Finalmente, como ya había encajonado tanto los otros dos blogs, no me quedaba sitio para mi opinión personal sobre el mundo, que la tengo;  así que decidí crear CUADERNO DE NOTAS DE UN TITIRITERO, que, como tuve que abandonar esa profesión, se quedó en CUADERNO DE NOTAS.
Ya debía de ser feliz, había encontrado caminos a mi afán exhibicionista y creativo, pero ¿y si me quedaba sin nada que decir? ¿y si me agobiaba tanto trabajo? ¿y si de pronto me encontraba con que no le interesaba a nadie? ¿y si no le interesaba a nadie salvo a la familia y algún amigo cariñoso? ¿y si ...?
Tanta pregunta, tanta obligación y la crisis (¡maldita crisis!) me bloqueó, me avergonzó, me deprimió y me dejó en silencio. Así he estado hasta hoy, sin nada que decir. Ahora vuelvo, no sé si para quedarme.

martes, 8 de abril de 2014

Reconciliación


¿Se puede ser 'fan' de un grupo de teatro? ¿Se puede seguir de manera irreflexiva e irracional a un grupo de teatro que te hace, en todos los espectáculos, reflexionar? Sí, definitivamente sí. Yo me declaro 'superfan' de La Zaranda, Teatro Inestable de Andalucía La Baja. Lo soy desde el último espectáculo. Antes, cuando sólo había visto tres de su espectáculos (Vinagre de Jerez, Perdonen la Tristeza y Futuros Difuntos) era un admirador (incondicional, sí, pero sólo un admirador); ahora soy un seguidor irreflexivo y fanático de su teatro ¿Por qué? Pues podría dar millones de razones, podría referirme a sus influencias 'meyerholdianas', 'kantorianas', 'grotosquianas', ... Pero no darían la medida irreflexiva de mi admiración. Me encantan sus escenografías, sus imágenes, su gusto por lo procesional ( ¡Esos paseos procesionales!), su música, su manera de construir los personajes, su humor repetitivo, esa angustia que nos provocan cuando vemos las múltiples tragedias cotidianas del ser humano, sus miserias.
 Pero, aunque como 'superfan' suyo me gusta todo ( sin pensarlo), he decir que el otro día cuando vi su espectáculo EL RÉGIMEN DEL PIENSO y nos mostraron esa imagen final con ese cadáver subido a esas estanterías, con los demás actores colocando archivadores y tapando su cuerpo; mientras la miraba, mientras la admiraba, me pareció que nada podía reflejar mejor lo insignificantes que somos y como, al final de todo, no seremos más que un papelajo metido en una carpeta llena de polvo ¡Tanto trabajo para nada o, mejor, para ser nada!...
En fin, señores ¡Viva la Zaranda! ¡Viva este Teatro Inestable de Andalucía la Baja! ¡Sigan provocando tanta inestabilidad! y gracias por todo y por reconciliarme con el teatro.

viernes, 21 de marzo de 2014

Rarezas


Todos solemos tener rarezas. Algunas son inconfesables, otras graciosas, otras, realmente, angustiosas. Muchas veces estas pequeñas manías nos caracterizan o, simplemente, pasan inadvertidas y forman parte de nuestros pequeños secretos cotidianos. Yo tengo varias, una de ellas, la descubrí hace poco y, el caso es, que la he tenido desde siempre. A mi me han encantado siempre las papelerias (aún recuerdo la Papelería Valero dónde compré "Las Veinte mil 'lenguas' de viaje submarino"), me gustaba su olor, los lapices ordenados por clases y colores, los bolígrafos, las gomas y sus olores, las cajas de grapas, los clips, las cajas, los libros de contabilidad... y, sobre todo, los cuadernos de dibujo y las libretas grandes y pequeñas, de tapas duras, de tapas blandas, con grapas, con anillas, con papel grueso, con papel blando, viejas y olvidadas con su papel amarillento y sus tapas azules con dos rayas para poner tu nombre.
El caso es que soy bastante aficionado a comprar libretas. Tengo bastantes y lo raro, lo extraño, es que tengo muy pocas (por no decir casi ninguna) completas. Siempre me ha costado terminarlas, me he resistido. Con algunas de ellas no he llegado a sobrepasar la tercera o cuarta página. Las empiezo, con gran resistencia de mi parte (pero con un profundo placer cuando abro la libreta, veo las páginas en blanco y escribo las primeras letras), y cuando llevo tres o cuatro hojas escritas las repaso y siento una mezcla extraña entre la rabia y la pena que me obliga a dejarla en un cajón. Esa es unas de mis rarezas. Nunca había reparado en ella, hasta que el otro día fui a guardar una nueva libreta y encontré que el cajón estaba lleno de ellas, todas sin terminar. Ahora no sé si preocuparme o seguir cultivando está rareza que me proporciona ese intenso placer que no hace daño a nadie. Lo único cierto es que ya no es un secreto, porque lo sabes tu.

viernes, 7 de marzo de 2014

Quebrarse

Solemos considerar ciertos aspectos de la vida como normales. Forman parte de nosotros, de nuestro día a día, vivimos con ellos y somos incapaces de concebir que pueda haber otras personas que no tengan esos mínimos. Y que conste que no habló de bienes de consumo, ni siquiera de la cantidad de facilidades que esta sociedad del bienestar nos proporciona. No, no hablo de eso. Hablo de aspectos más básicos, más elementales, más sencillos y que encontramos con cierta naturalidad en nuestro entorno cotidiano. Por ejemplo en nuestras familias, en nuestro entorno social o a nuestro alrededor. Es normal que todos pensemos que todo el mundo tiene unos padres, unos amigos, gente que vela y se preocupa por nosotros, que todas las mañanas nos da una cosa tan sencilla como un beso, o tiene una palabra cariñosa para nosotros, o que cuando llegamos a casa, si es que tenemos casa, nos espera y nos pregunta y nos acaricia. No todos tenemos eso. Lo veo muchos días, en muchas personas, muy cerca, en la calle y, generalmente, lo tomo como normal. Es 'la normalidad' de todos los días.
Pero hoy alguien muy pequeño me pidió un beso antes de entrar al 'cole', algo tan insignificante y natural como eso.Y yo me quebré, sí, me quebré al pensar lo tremendamente terrible que es esta 'anormalidad' tan cotidiana, tan asumida, tan dolorosa. Pensé en que alguien vivirá con dolor, un dolor tan escondido y profundo que yo mismo olvidaré después de escribir esto ¿Por qué?